Amar es cuidar y cuidar es saber estar presentes en actitudes, intenciones, emociones y comportamientos. Todo ello, sin duda, necesita de grandes dosis de inteligencia emocional y también de empatía.
El arte de atender las relaciones es de primero de felicidad, pero nadie es maestro en esta materia y muchas veces, cometemos tristes errores que lamentamos toda la vida. Parejas, amigos, familia…
En materia de afectos no queremos ni necesitamos que nadie nos salve. Pero sí esperamos que se atrevan, que aúnen decisión y coraje para demostrar, cuidar, amar, reparar… Anhelamos tener a nuestro lado personas que entiendan que el cariño debe tejer un refugio cotidiano donde sentirnos queridos y valorados.
Valiente es por tanto toda persona que no ve barrera alguna por ayudar a otros. Valiente es quien actúa en base a sus valores y se atreve a transformar su realidad para alcanzar el bienestar. Porque tengámoslo claro, el amor propio también va de amar, cuidar, reparar…
Hay una herramienta poderosa a la hora de crear impacto en los demás. Un ejercicio en materia relacional que siempre deberíamos tener en cuenta: se trata de nuestra presencia.
Pocas cosas dejan tanta huella como hacerle ver a esa persona que tenemos frente a nosotros que estamos con ella. Que el tiempo se detiene cuando estamos juntos y que nada importa más que ese preciso instante.
La valentía tiene muchas formas. Está la de quien por fin vence sus miedos y logra salir de su zona de confort para demostrar lo que vale, para buscar su lugar en el mundo. Está también la de esa persona que deja a un lado una situación que mermaba su bienestar para recuperar el control de su vida e identidad.
Lo que sucede en ese presente compartido nos es valioso y por eso nos entregamos, por eso nos esforzamos en hacernos sentir con todos nuestros sentidos. Estar ante el otro en presencia, emoción, palabra y voluntad es lo más decisivo en el seno de las relaciones humanas. Hay que dar sentido a ese momento, a través de la mirada, del cuidado y sobre todo de la comunicación.
Poner límites no quiere decir defender a capa y espada nuestra opinión y nuestras creencias a toda costa, como si de una imposición se tratara. Tampoco quiere decir ser sincero en todo momento, sin tener en cuenta lo que piensan y sienten los demás.
De manera concreta, poner límites significa hacer saber a las personas qué necesitamos y qué queremos, que pueden ser diferentes al resto. Consiste en expresar lo que queremos- y lo que no queremos-, pero sin olvidarnos de las necesidades y los deseos de los demás, teniendo en cuenta qué piensan y sienten las personas.
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