“El problema no es ser fuerte… es no tener dónde dejar de serlo.”
¿Y quién me sostiene a mí?
Hay días en los que el pecho no arde… se aprieta.
No falta fuego… falta aire.
Donde respirar no alivia,
y el silencio pesa más que el ruido.
Cumplo.
Doy.
Cargo.
Me exijo.
Y aun así… no alcanza.
Porque el mundo no se detiene a preguntar si estoy bien.
Si algo me duele por dentro.
Si ya me cansé de sostener lo que ni siquiera elegí.
¿A quién le importa lo que siento?
¿Quién mira más allá de lo que aparento?
Sonrío… para no preocupar.
Pero por dentro…
hay un ruido que no se oye,
y aun así… me rompe.
Mientras todos siguen su rumbo,
yo me pierdo en mí.
Porque llega un punto donde el peso deja de ser parte del camino…
y se vuelve parte de uno.
¿Dónde quedaron mis sueños?
Ahí siguen…
enterrados bajo lo que esperan de mí,
bajo lo que tuve que ser,
para no fallarle a nadie.
Y sí… hay momentos donde siento que voy a caer.
No porque sea débil…
sino porque llevo demasiado tiempo siendo fuerte
sin descanso…
sin respaldo…
sin alguien que diga: “ya, suéltalo… yo te cubro.”
Y entonces entiendes algo que no querías aceptar:
Que no siempre hay quien te sostenga.
Que a veces…
te toca aprender a no dejarte caer y sacar desde adentro tu energía, tu sabiduría y tu amor
aunque estés cansado.
Como al principio.
Como siempre.
Pero jamás para siempre.
Comentarios