¿Le tememos a la libertad? ¿Le tememos al ejercicio del libre albedrío? La vida no puede reducirse a la duración de los días, a la rutina o a la costumbre. Cuando vivimos en automático, el alma comienza a entumecerse.
Nuestra naturaleza más instintiva se aferra a los hábitos. Sin embargo, puede ser educada y transformada a través del lenguaje de los sentidos, de la vibración y de la respiración consciente. Cada inhalación profunda lleva oxígeno al torrente sanguíneo y, desde allí, alimenta el cerebro y cada célula del cuerpo. Al respirar plenamente despertamos energías sutiles que favorecen la paz, la claridad y la alegría.
Cultivá tu capacidad pulmonar. Tal vez allí encuentres muchas de las respuestas que buscás, la serenidad que anhelás y el camino hacia una auténtica libertad interior.
Meditar es aprender a aquietar la mente. Es comenzar a dominarla en lugar de ser dominados por ella. En la quietud escuchamos el lenguaje del cuerpo, habitamos el presente y descubrimos la verdad del ahora. En la serenidad florecen las respuestas.
La respiración consciente y la meditación son un camino. Requieren constancia, disciplina amorosa y la noble decisión de practicar cada día. Solo así podremos acercarnos a esa experiencia renovadora, profunda y extraordinariamente sutil: silenciar la mente, trascender el miedo, disolver el conflicto y encontrarnos con nuestro verdadero Ser.
Paz, amor y armonía.
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